La salida del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, se produce demasiado tarde para que el gobierno pueda cerrar la crisis de gestión que produjo sostenerlo cuando todos los días aparecían pruebas que lo comprometían en la causa que lo investiga por “enriquecimiento ilícito”. Su renuncia debe ser el principio y no el final de esta historia, teniendo en cuenta todas las mentiras que se dijeron para defenderlo. No podemos olvidar que fue el mismo presidente, Javier Milei, con todo su gabinete, que lo aplaudieron y vitorearon desde un palco en la Cámara de Diputados el día que Adorni dijo “no hay ocultación en mi declaración jurada”, hubo al menos 22, muchas muy graves e inexplicables.
Todo esto llevó a que, desde hace unos meses, comenzó a percibirse otro tipo de interpelación al poder de turno en la conversación pública, incluso en aquellos que no se permiten ni remotamente pensar en volver al pasado, pero empiezan a reconocer que el “cambio”, del que tanto hablan, puede estar solo en el modelo económico, nadie duda de eso, algo que la sociedad dirimirá si es o no positivo, pero lo que sí está claro es que hay comportamientos tan poco éticos, representados en el Caso Adorni, pero qye se repiten en la causa $LIBRA, en ANDIS, el PAMI, los créditos discrecionales del Banco Nación que lograron que, para este gobierno, se vuelve imposible reconciliar la gestión política con la transparencia. Adorni solo ubicó al gobierno en las antípodas de la frase con la que se autodefinen: “la moral como política de estado”. Quedaron parados en un lugar utilizando las mismas prácticas que critican en otros, ese mismo lugar donde todos sabemos que no existe otro antídoto para la verdad que no sea la mentira.
