No hay ningún factor sorpresa en la renuncia de Manuel Adorni, una renuncia entre comillas, porque, en realidad, la información que teníamos era que, en realidad, Adorni no se quería ir de la Jefatura de Gabinete. Lo que más llama la atención es que quien fuera el tuitero del año termina mostrando, a través de las redes sociales, una carta donde ni siquiera aceptó comentarios.
Pero era la crónica de una muerte anunciada, porque, si finalmente él no renunciaba, aunque digan lo contrario, lo iban a terminar forzando. Ayer ya trascendía que Adorni estaba muy nervioso por su futuro. De no haber renunciado, el Poder Legislativo habría terminado provocando su salida.
Manuel Adorni se va después de 100 días de agonía. La pregunta que se hacen todos es por qué esperó tanto para irse, más allá de que no quería hacerlo. Y, al mismo tiempo, por qué el Presidente tardó tanto en sacar al propio Adorni. Son preguntas de las cuales, obviamente, vamos a tener respuesta, seguramente con las grandes causas que hay dentro del Gobierno vinculadas a la corrupción.
Se habla de Santilli, se habla de Quirno. La cuestión es que Manuel Adorni llegó a su fin después de más de 100 días. Una persona que viajó, aunque diga lo contrario; se compró dos departamentos, aunque diga lo contrario; se compró una casa en un country, aunque diga lo contrario; gastó 8 millones de pesos en sábanas egipcias, aunque diga lo contrario; y se compró un pinball de Los locos Adams, aunque diga lo contrario. Dejó de ser el jefe de Gabinete de todos los argentinos.
