Cada uno de los 435 miembros de la Cámara de Representantes de Estados Unidos se elige en un distrito propio: todo votante pertenece a uno y elige a una sola persona. Los distritos son unidades geográficas: cubren territorios contiguos y se arman sobre la geografía del censo. Lo que no siguen necesariamente es la geografía natural ni las divisiones administrativas existentes, como condados o ciudades: en la mayoría de los estados los límites los traza la legislatura estatal de turno, y el resultado puede partir un condado por la mitad y adoptar formas caprichosas.
Cada diez años, después del censo, los 435 escaños se reparten entre los estados según su población. Con el censo de 2020, cada distrito representa en promedio a 761.169 personas, según la Oficina del Censo. Desde el fallo Wesberry contra Sanders, de 1964, la Corte Suprema exige que los distritos de un mismo estado tengan poblaciones prácticamente iguales: el principio de «una persona, un voto». Para trazarlos, la Oficina del Censo entrega a cada estado tabulaciones de población por zonas pequeñas, en cumplimiento de la ley conocida como P.L. 94-171: con esos datos, los límites se construyen bloque censal por bloque censal, y cada estado decide si respeta o no las líneas de sus condados y municipios. Los senadores, en cambio, se eligen por el estado completo, dos por cada uno sin importar su tamaño.
Gerrymandering, la palabra que nació de una salamandra
Manipular los límites para favorecer a un partido tiene nombre propio desde 1812. Ese año, la prensa de Boston bautizó «gerrymander», un cruce entre el apellido del gobernador de Massachusetts, Elbridge Gerry, y la palabra salamandra, a un distrito de forma retorcida que beneficiaba a su partido. Las técnicas también tienen nombre: «packing» es concentrar a los votantes rivales en pocos distritos para que ganen por amplio margen y desperdicien votos; «cracking» es desparramarlos entre muchos para que nunca sean mayoría. En 2019, en el caso Rucho contra Common Cause, la Corte Suprema resolvió que los reclamos por gerrymandering partidista no pueden dirimirse en la justicia federal: es una cuestión política. Los mapas trazados con criterios raciales, en cambio, sí pueden impugnarse. Hoy apenas una decena de estados delega el trazado en comisiones independientes de la legislatura, según la NCSL.
El rediseño de los distritos ocurría una vez por década, después del censo. Este ciclo rompió la regla. En 2025, a pedido del presidente Donald Trump, Texas aprobó un nuevo mapa con el objetivo declarado de sumar hasta cinco bancas republicanas; California respondió con la Proposición 50, aprobada por los votantes en noviembre de ese año, para dibujar hasta cinco distritos favorables a los demócratas. Carolina del Norte, Ohio y Misuri también modificaron sus límites, y otros estados evalúan hacerlo. El diario The New York Times la describió como una batalla de gerrymandering «sin paralelos en la historia de Estados Unidos».
Lo que se define el martes
Con la Cámara de Representantes dividida por un puñado de escaños, cada distrito cuenta. El mapa con el que se vota este martes no es el mismo con el que se votó hace dos años en varios de los estados más poblados, y el resultado de esa pelea por los límites va a estar dentro de las urnas.
Fuentes consultadas: Oficina del Censo de Estados Unidos (reparto de escaños y datos de redistritación P.L. 94-171), Corte Suprema de Estados Unidos (Rucho v. Common Cause, 2019; Wesberry v. Sanders, 1964), Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales (NCSL), Biblioteca del Congreso, The New York Times, Reuters y AP.




