Las elecciones de medio término funcionan, en la práctica, como un referéndum sobre el desemeño presidencial. Este martes se renueva en Estados Unidos, la totalidad de la Cámara de Representantes y algo más de un tercio del Senado. Hoy los republicanos controlan ambas cámaras: en el Senado por 53 bancas contra 47, y en la Cámara por una de las mayorías más estrechas de la historia, con 218 republicanos, 214 demócratas, un independiente y dos vacantes. Para quedarse con el Senado, los demócratas necesitan ganar cuatro bancas netas y hacerlo en estados que Donald Trump ganó en 2024; en la Cámara les alcanza con dar vuelta un puñado de distritos.
Qué cambia cuando cambia el control del Congreso
En Estados Unidos, la mayoría de la Cámara elige al speaker, el presidente del cuerpo y segundo en la línea de sucesión presidencial después del vicepresidente, fija la agenda legislativa y preside las comisiones. Con el control llega también el poder de investigar al Ejecutivo: citar funcionarios, exigir documentos y abrir pesquisas. Y una atribución singular: iniciar un juicio político. Trump ya pasó por dos impeachments aprobados por una Cámara demócrata, en 2019 y en 2021, y el Senado lo absolvió en ambos. En el Senado, la mayoría define además el destino de los nombramientos presidenciales, incluidos los jueces federales, que duran de por vida, y de los tratados internacionales. Un Congreso aliado acelera la agenda del presidente; uno en manos de la oposición puede frenarla y auditarla.
El partido del presidente casi siempre pierde escaños en las elecciones de medio término. Los números del American Presidency Project de la Universidad de California en Santa Bárbara lo ilustran: en 1994, con Bill Clinton, los demócratas perdieron 54 bancas de la Cámara y ocho del Senado en la llamada «revolución republicana»; en 2006, con George W. Bush, los republicanos cedieron 30 y seis, y los demócratas recuperaron ambas cámaras; en 2010, con Barack Obama, los demócratas perdieron 63 bancas de la Cámara; en 2014 perdieron además el Senado; en 2018, con Trump, los demócratas recuperaron la Cámara con 41 bancas ganadas; y en 2022, con Joe Biden, los republicanos recuperaron la Cámara por un margen mínimo. Las excepciones recientes son dos: 1998, con Clinton en pleno juicio político, y 2002, con Bush después de los atentados del 11 de septiembre.
Escenarios abiertos
Si los demócratas recuperan la Cámara, el Gobierno de Trump deberá negociar cada ley y cada dólar del presupuesto con la oposición, y exponerse a investigaciones con poder de citación. Si los republicanos retienen ambas cámaras, el presidente conservará un Congreso propio para los dos últimos años de su mandato. En el Senado, el mapa favorece a los republicanos: buena parte de las bancas en juego están en estados que Trump ganó cómodamente. El martes se define qué tipo de Congreso tendrá la segunda mitad de su presidencia.
Fuentes consultadas: American Presidency Project (Universidad de California, Santa Bárbara), Congreso de Estados Unidos (congress.gov), ABC News, NBC News.




