Con la euforia mundialista todavía en el aire, el Gobierno de Javier Milei planea capitalizar el cambio de clima político para impulsar una serie de reformas estructurales que venían rezagadas. El equipo económico apunta a tres frentes concretos: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la ley de Inocencia Fiscal y la consolidación de la baja del riesgo país, que permanece apenas por encima de los 400 puntos básicos.
La reforma del BCRA es el proyecto que más entusiasma al presidente. La iniciativa busca establecer que el único objetivo de la autoridad monetaria sea preservar la estabilidad de precios, prohibir taxativamente el financiamiento del Tesoro mediante emisión —»va a estar prohibido y penado por ley», afirmó Milei— y fortalecer la independencia del organismo. La propuesta cuenta con el aval explícito del FMI: la vocera Julie Kozack señaló que los cambios «fortalecerán la independencia de la entidad y contribuirán a consolidar el proceso de desinflación». El Ejecutivo enviará el proyecto a Diputados en agosto y buscará aprobarlo antes de fin de año.
La ley de Inocencia Fiscal, el otro pilar de la agenda, apunta a descomprimir los litigios tributarios que frenan a pymes y monotributistas, al establecer el principio de buena fe como presunción en los conflictos con la AFIP. La estrategia oficial reconoce que la experiencia post Qatar 2022 —cuando el Gobierno de Alberto Fernández aprovechó la baja conflictividad para negociar con el FMI— no pasó desapercibida. Esta vez, Milei quiere ir más lejos: usar el clima de unidad nacional generado por el tricampeonato para avanzar en reformas que en tiempos normales generarían ruido político.





