Cuba sufrió otro apagón nacional y las protestas volvieron a las calles de La Habana

Cuba volvió a quedar completamente a oscuras. El Sistema Eléctrico Nacional colapsó el lunes 6 de julio y dejó sin suministro a prácticamente toda la isla, afectando a cerca de diez millones de habitantes. Aunque las autoridades comenzaron a restablecer el servicio de manera gradual durante las horas siguientes, amplias zonas del país continuaban sin electricidad dos días después, mientras crecían las protestas de vecinos en distintos barrios de La Habana y otras ciudades.

La empresa estatal Unión Eléctrica (UNE), responsable del sistema de generación y distribución, informó que el corte se produjo tras la desconexión total de la red nacional. El gobierno no identificó una causa puntual para la falla, aunque reconoció que el sistema opera bajo una presión extrema por la falta de combustible, el deterioro de las centrales termoeléctricas y décadas de escasa inversión en infraestructura.

Se trata del tercer apagón nacional registrado en lo que va de 2026 y del octavo desde octubre de 2025, una frecuencia inédita incluso para un país acostumbrado a los cortes programados de electricidad. En algunas provincias del interior, los habitantes ya soportaban interrupciones diarias de entre 12 y 20 horas antes del colapso de esta semana.

La interrupción paralizó buena parte de la actividad económica. Hospitales, plantas potabilizadoras, centros de producción de alimentos y servicios estratégicos funcionaron mediante generadores de emergencia, mientras miles de comercios permanecieron cerrados y gran parte del transporte público quedó suspendido. La falta de energía también provocó interrupciones en las telecomunicaciones y dificultó el acceso a internet en buena parte del país.

Durante la noche del martes comenzaron a registrarse nuevas manifestaciones espontáneas en varios barrios de La Habana. Vecinos golpearon cacerolas, tocaron bocinas y reclamaron la restitución del suministro eléctrico, en escenas que recordaron las protestas ocurridas durante apagones anteriores. Según Reuters, en algunos sectores la electricidad fue restablecida pocas horas después de las concentraciones, aunque las autoridades no confirmaron que existiera una relación entre ambos hechos.

El petroleo prohibido por Donald Trump

La crisis energética cubana se profundizó significativamente desde comienzos de este año. En enero, la administración de Donald Trump endureció las sanciones económicas y comenzó a aplicar restricciones a los países que exportan petróleo hacia la isla, reduciendo drásticamente el flujo de combustible proveniente de Venezuela, México y otros proveedores tradicionales. Washington sostiene que la medida busca aumentar la presión sobre el gobierno cubano para impulsar reformas democráticas. La Habana rechaza esa explicación y afirma que las sanciones constituyen una violación del derecho internacional y una de las principales causas del deterioro económico que atraviesa el país.

El colapso eléctrico se suma a un escenario económico especialmente delicado. Cuba enfrenta una combinación de inflación elevada, fuerte escasez de alimentos, medicamentos y combustibles, caída del turismo internacional y una reducción sostenida de la inversión extranjera. La emigración también alcanzó niveles históricos durante los últimos años, con cientos de miles de cubanos que abandonaron la isla buscando mejores condiciones de vida.

En ese contexto, las conversaciones iniciadas este año entre La Habana y Washington tampoco muestran avances. El canciller cubano, Bruno Rodríguez, afirmó la semana pasada que las negociaciones «no muestran ningún progreso» y acusó a Estados Unidos de mantener una política de «constantes amenazas» mientras incrementa las sanciones económicas. Según el funcionario, las restricciones estadounidenses «están causando muertes» al agravar la falta de alimentos, medicamentos, combustible y electricidad.

Mientras los equipos técnicos continúan intentando estabilizar la red eléctrica nacional, millones de cubanos vuelven a enfrentar una rutina marcada por los cortes de luz, la incertidumbre sobre el abastecimiento de combustible y la posibilidad de nuevos colapsos del sistema durante las próximas semanas. El episodio confirma que la crisis energética dejó de ser un problema coyuntural para convertirse en uno de los principales desafíos estructurales del país.