En Venezuela la OPS alerta por el riesgo de epidemias en los refugios

Dos semanas después de los terremotos que devastaron parte de la costa norte de Venezuela, la emergencia cambió de naturaleza. Mientras las tareas de búsqueda y rescate prácticamente concluyeron, las autoridades sanitarias y los organismos internacionales concentran ahora sus esfuerzos en evitar una crisis epidemiológica dentro de los refugios temporales donde permanecen miles de personas desplazadas.

La advertencia fue realizada este miércoles 9 de julio por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que alertó sobre el riesgo creciente de enfermedades respiratorias, infecciones gastrointestinales y patologías transmitidas por el agua debido al hacinamiento, la escasez de agua potable y las dificultades para garantizar condiciones adecuadas de higiene en los centros de evacuados.

Según el último balance oficial difundido por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, los dos terremotos registrados el 24 de junio dejaron 3.811 muertos, 16.740 heridos y 17.907 personas sin hogar. Los sismos, de magnitudes 7,2 y 7,5, ocurrieron con menos de un minuto de diferencia frente a la costa central venezolana y golpearon especialmente a los estados de La Guaira, Miranda y el área metropolitana de Caracas, provocando el colapso de centenares de edificios.

Más de 12.800 personas continúan viviendo en 80 refugios temporales distribuidos entre Caracas y La Guaira. Allí, explicó el director de la OPS, Jarbas Barbosa, el principal riesgo sanitario proviene de la concentración de personas en espacios reducidos, la ventilación insuficiente y las dificultades para acceder de manera permanente a agua segura y servicios de saneamiento. El organismo trabaja junto al Ministerio de Salud venezolano para instalar sistemas de vigilancia epidemiológica, hospitales de campaña y programas de vacunación de emergencia.

Los especialistas consideran prioritario prevenir brotes de enfermedades respiratorias agudas, diarreas infecciosas, infecciones de la piel y enfermedades transmitidas por mosquitos, además de reforzar la vacunación contra tétanos, sarampión, rubéola, difteria, tos convulsa y poliomielitis. La preocupación es mayor porque Venezuela ya presentaba coberturas de vacunación inferiores a las recomendadas por la Organización Mundial de la Salud antes del desastre.

Mientras tanto, las tareas de recuperación continúan en las zonas más afectadas. Equipos de ingenieros inspeccionan edificios que quedaron parcialmente dañados para determinar cuáles podrán ser reparados y cuáles deberán demolerse. En La Guaira, el estado que concentró la mayor destrucción, decenas de excavadoras siguen removiendo escombros en complejos habitacionales donde todavía aparecen víctimas.

Las autoridades informaron además que unas 300 personas fueron enterradas sin haber podido ser identificadas. Los equipos forenses conservaron muestras genéticas de los cuerpos para permitir futuras identificaciones mediante pruebas de ADN, una práctica utilizada habitualmente en catástrofes con un elevado número de víctimas.

La magnitud del desastre también reabrió la discusión sobre la calidad constructiva de parte del parque habitacional venezolano. Ingenieros y especialistas consultados por Reuters señalaron que numerosos edificios afectados presentaban deficiencias estructurales, problemas de mantenimiento o habían sido construidos sobre terrenos particularmente vulnerables a la actividad sísmica. El complejo residencial Los Cocos, en La Guaira, donde se registró uno de los mayores números de víctimas, se convirtió en uno de los símbolos de esa discusión.

En paralelo, el gobierno de Delcy Rodríguez intensificó las gestiones diplomáticas para financiar la reconstrucción. La vicepresidenta solicitó a Estados Unidos una ampliación del alivio temporal de sanciones aprobado tras los terremotos y reclamó la liberación de activos venezolanos congelados en el exterior. Entre ellos figuran 31 toneladas de oro retenidas desde hace años en el Banco de Inglaterra y otros recursos que, según Caracas, podrían destinarse a viviendas, infraestructura, hospitales y escuelas destruidas por el terremoto. También inició contactos con el Fondo Monetario Internacional para explorar mecanismos extraordinarios de asistencia financiera.

La emergencia humanitaria sigue evolucionando. Durante los primeros días, la prioridad fue rescatar sobrevivientes entre los escombros y atender a miles de heridos. Dos semanas después, el desafío es diferente: impedir que una catástrofe natural se transforme también en una crisis sanitaria de gran escala. Para los organismos internacionales, la velocidad con que se restablezcan el acceso al agua potable, el saneamiento y los servicios de salud será determinante para evitar una segunda ola de víctimas.