Europa cerró junio con un balance climático y sanitario excepcional. La ola de calor de fines de mes dejó miles de muertes adicionales en Alemania, Francia, Bélgica, España y Países Bajos, mientras el Servicio de Cambio Climático Copernicus confirmó este miércoles 9 de julio que Europa occidental registró el junio más caluroso desde que existen mediciones sistemáticas. La temperatura media regional fue de 20,74 °C, más de 3 °C por encima del promedio 1991-2020. A escala global, junio de 2026 fue el segundo junio más cálido registrado.
Alemania
El dato alemán modificó la dimensión del episodio. El Instituto Robert Koch (RKI), organismo nacional de salud pública de Alemania, estimó que el calor provocó alrededor de 5.120 muertes en lo que va de 2026, con la mayoría de los casos concentrados durante la ola de calor de fines de junio. Según el RKI, las personas mayores fueron el grupo más afectado: más del 80% de las víctimas tenía 75 años o más.
La ola de calor también dejó temperaturas históricas en Alemania. La Organización Meteorológica Mundial informó que la localidad de Coschen, en el este del país, cerca de la frontera con Polonia, registró 41,7 °C el 28 de junio. Además, 252 estaciones meteorológicas alemanas marcaron récords absolutos de temperatura y 46 estaciones superaron los 40 °C hasta el 27 de junio, según datos del Servicio Meteorológico Alemán.
El impacto reabrió una discusión política en Berlín sobre la preparación del país frente al calor extremo. El País consignó que hospitales, transporte público, residencias de mayores y edificios públicos mostraron déficits de adaptación, mientras Los Verdes reclamaron un programa de 5.000 millones de euros para crear refugios climáticos, ampliar espacios verdes y adaptar la infraestructura urbana.
Francia
En Francia, Santé publique France informó un exceso de 2.025 muertes entre el 22 y el 28 de junio, equivalente a un aumento del 29,1% respecto de la semana anterior. El organismo aclaró que el dato puede ser una subestimación porque se basa únicamente en certificados electrónicos de defunción. Durante el mismo período, las autoridades también registraron más de 40 muertes indirectas por ahogamiento, en muchos casos de personas que intentaban refrescarse en ríos o lagos.
Bélgica
Bélgica también registró un salto abrupto en la mortalidad. El gobierno federal informó 1.222 fallecimientos adicionales vinculados con el episodio de calor extremo entre el 18 y el 29 de junio, lo que representó un incremento del 39% sobre la mortalidad esperada. El dato abrió una controversia política por la respuesta oficial y por la capacidad del sistema sanitario para proteger a las personas mayores y a los sectores más vulnerables durante eventos climáticos extremos.
España
En España, el sistema de monitorización MoMo, del Instituto de Salud Carlos III, atribuyó al menos 1.028 muertes al calor durante junio de 2026. La cifra duplicó aproximadamente los registros del año anterior para el mismo mes. Varias localidades del sur superaron los 44 °C y algunas estaciones llegaron a marcar temperaturas por encima de los 46 °C. En Barcelona, los 40,7 °C registrados durante la ola de calor constituyeron la temperatura más alta medida en la ciudad en 112 años.
Países Bajos
En los Países Bajos, las autoridades sanitarias estimaron alrededor de 480 muertes por encima de lo habitual durante la semana del 22 al 28 de junio. El exceso de mortalidad se concentró especialmente entre personas mayores de 80 años, según el Instituto Nacional de Salud Pública y Medio Ambiente neerlandés.

La suma de esos balances nacionales muestra que la ola de calor ya no puede ser leída únicamente como un fenómeno meteorológico. En Francia, Bélgica, España y Países Bajos, las autoridades reportaron más de 4.700 muertes adicionales durante el período crítico de fines de junio. Al sumar la estimación alemana, el impacto sanitario europeo supera ampliamente esa cifra inicial y confirma que el calor extremo se convirtió en uno de los principales riesgos de salud pública del continente.
El episodio también afectó la infraestructura. En Francia, la empresa estatal EDF debió detener temporalmente un reactor de la central nuclear de Golfech porque el agua del río utilizada para refrigerar la planta alcanzó temperaturas demasiado elevadas para cumplir con las normas ambientales. En distintos países se registraron cierres de escuelas, incendios forestales, problemas ferroviarios, restricciones en el suministro de agua y mayores exigencias sobre los sistemas eléctricos.
Copernicus atribuyó el récord de junio a la combinación de una masa persistente de aire caliente sobre Europa occidental, noches excepcionalmente cálidas y temperaturas récord en la superficie del mar Mediterráneo. El calentamiento del mar redujo la capacidad de enfriamiento nocturno, especialmente en zonas costeras, y contribuyó a prolongar el estrés térmico sobre la población.
La Organización Meteorológica Mundial describió el episodio como una ola de calor “extraordinaria” y señaló que varios países rompieron récords históricos o mensuales. Además de Alemania, también se registraron marcas extremas en Hungría, Polonia, República Checa, Reino Unido, Países Bajos y Dinamarca. En Países Bajos, el servicio meteorológico KNMI emitió una alerta roja inédita por calor extremo para ocho provincias el 26 de junio y reportó un nuevo récord nacional para ese mes, con 39,4 °C.

La dimensión histórica es uno de los elementos centrales de la noticia. Europa ya había sufrido grandes olas de calor en 2003, 2010, 2015, 2018, 2019, 2022, 2023, 2024 y 2025, pero la frecuencia con la que se rompen récords térmicos muestra un cambio estructural. El verano europeo dejó de organizarse alrededor de episodios excepcionales y empezó a acumular eventos extremos casi todos los años.
El antecedente más recordado sigue siendo la ola de calor de 2003, que causó alrededor de 70.000 muertes en Europa. La de 2022 también dejó decenas de miles de fallecimientos estimados en estudios epidemiológicos posteriores. La diferencia es que los países europeos llegan ahora a estos episodios con más sistemas de alerta, pero con infraestructuras urbanas, sanitarias y habitacionales todavía insuficientes para proteger a la población frente a temperaturas que se intensifican.
Los organismos climáticos advierten que el aumento de la temperatura global, impulsado por las emisiones de gases de efecto invernadero, hace que las olas de calor sean más frecuentes, más largas y más intensas. En Europa, ese proceso se agrava porque el continente se calienta más rápido que el promedio mundial, especialmente durante el verano.
El balance de junio dejó una señal concreta: el calor extremo ya no es solo un problema ambiental. Es una crisis sanitaria, urbana y económica. Las muertes se concentran en adultos mayores, personas con enfermedades previas, trabajadores expuestos al aire libre y hogares sin sistemas adecuados de refrigeración. Pero sus efectos también alcanzan a hospitales, escuelas, centrales eléctricas, redes de transporte, cultivos, provisión de agua y seguros.
Con nuevas temperaturas elevadas previstas para julio en varios países, las autoridades europeas enfrentan una presión creciente para acelerar planes de adaptación. La discusión ya no se limita a reducir emisiones, sino a preparar ciudades y servicios públicos para un escenario en el que las olas de calor extremas dejaron de ser episodios aislados y pasaron a formar parte del calendario climático europeo.





