El Banco Asiático de Desarrollo (ADB) revisó al alza sus previsiones económicas para Asia emergente y el Pacífico y estimó que la región crecerá un 4,9% durante 2026, dos décimas más que la proyección publicada en abril. La actualización, difundida este miércoles desde Manila, sede del organismo, refleja un desempeño mejor al esperado en varias de las principales economías asiáticas, impulsadas por el consumo interno y una recuperación gradual de la inversión privada.
Para 2027, el organismo también mejoró sus perspectivas y proyectó un crecimiento del 5,1%, frente al 4,9% previsto anteriormente. Aun así, el informe advierte que la economía regional enfrenta un escenario de creciente incertidumbre debido a los conflictos geopolíticos, las tensiones comerciales entre las principales potencias y la volatilidad de los mercados energéticos.
El ADB agrupa a 43 economías en desarrollo de Asia y el Pacífico, entre ellas China, India, Indonesia, Filipinas, Vietnam, Bangladesh, Pakistán y las naciones insulares del Pacífico. No forman parte de esta proyección economías desarrolladas como Japón, Corea del Sur, Singapur, Australia y Nueva Zelanda, que el organismo analiza por separado.
En conjunto, la región concentra cerca del 60% de la población mundial y representa uno de los principales motores del crecimiento económico global. Durante las últimas dos décadas explicó una parte sustancial de la expansión del comercio internacional y de la demanda de materias primas, manufacturas y alimentos.
Según el economista jefe del Banco Asiático de Desarrollo, Albert Park, la mejora en las previsiones responde principalmente a que el consumo privado continúa mostrando fortaleza pese al contexto internacional y a que varias economías mantuvieron elevados niveles de inversión en infraestructura, industria y tecnología. El organismo también destacó la recuperación gradual del turismo internacional en el sudeste asiático, uno de los sectores más afectados por la pandemia.
No obstante, el informe dedica buena parte de su análisis a los riesgos que aún enfrenta la región. El principal es la posibilidad de que los conflictos armados en Medio Oriente vuelvan a impulsar los precios internacionales del petróleo y del gas natural, incrementando los costos de producción y transporte. Asia depende en gran medida de las importaciones energéticas y cualquier alteración prolongada en los mercados puede trasladarse rápidamente a la inflación.
El Banco también advirtió sobre la persistencia de las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, que continúan modificando las cadenas globales de producción. Muchas empresas aceleraron durante los últimos años el traslado parcial de fábricas hacia países como Vietnam, India e Indonesia para reducir su dependencia del mercado chino, un proceso conocido como «China+1», que está redefiniendo la geografía industrial asiática.
China, la segunda economía del mundo, sigue ocupando un lugar central en el informe. Aunque su crecimiento continúa desacelerándose respecto de las tasas registradas durante la década pasada, el ADB considera que las medidas de estímulo aplicadas por Pekín lograron estabilizar parcialmente el mercado inmobiliario y sostener el consumo interno. India, por su parte, continúa siendo la economía de mayor crecimiento entre los grandes países de la región y mantiene un fuerte ritmo de expansión impulsado por la inversión pública y el desarrollo tecnológico.
Otro aspecto destacado por el organismo es la inflación. Después del fuerte incremento registrado tras la pandemia y la invasión rusa de Ucrania, los precios comenzaron a moderarse en la mayoría de las economías asiáticas. Esa desaceleración permitió a varios bancos centrales iniciar reducciones graduales de las tasas de interés, favoreciendo el crédito y la inversión.
El Banco Asiático de Desarrollo, sin embargo, evitó presentar un escenario completamente optimista. En sus conclusiones sostiene que la región mantiene una capacidad de crecimiento superior a la de Europa y América del Norte, pero advierte que esa fortaleza dependerá de la estabilidad del comercio internacional, de la evolución de los conflictos geopolíticos y de la capacidad de los gobiernos para sostener las inversiones sin deteriorar sus cuentas públicas.
Creado en 1966 y con sede en Manila, el Banco Asiático de Desarrollo está integrado por 69 países miembros y financia proyectos de infraestructura, energía, transporte, salud y desarrollo social en toda Asia y el Pacífico. Sus informes trimestrales son una de las principales referencias utilizadas por gobiernos, bancos centrales e inversores para evaluar la evolución económica de la región y anticipar cambios en el crecimiento mundial.





