Un sismo de magnitud 7,5 sacudió el centro-norte de Venezuela. La pregunta interesante no es cuánto midió, sino por qué una ciudad entera se construyó encima de un amplificador natural de terremotos.
El 24 de junio a las 17:04, el centro-norte de Venezuela registró una secuencia doble: dos rupturas casi simultáneas en la zona de Yaracuy y la costa de Carabobo. El epicentro quedó superficial, a menos de 30 km de profundidad, y la sacudida viajó hasta Caracas, a más de 100 km.
Esquema no a escala. Epicentro y distancias según reportes preliminares del USGS y el Servicio Geológico Colombiano.
Tocá cada término para abrirlo. La mayoría de los malentendidos sobre sismos nacen de confundir estas ideas.
La escala es logarítmica: cada número entero libera unas 32 veces más energía que el anterior. Dos puntos equivalen a unas 1.000 veces. Movés el control y mirás qué le hace cada nivel a una ciudad.
La ciudad descansa sobre una cuenca de sedimentos que alcanza más de 300 metros de espesor. Esa geometría cóncava atrapa las ondas y las hace rebotar, como agua en un cuenco. El suelo blando puede amplificar la sacudida hasta tres veces y media respecto a la roca firme.
Los daños más severos del terremoto de 1967 se concentraron justo sobre los mayores espesores de sedimento, más de 330 metros. Cuatro edificios de 10 a 12 pisos colapsaron y casi la mitad de la zona sufrió algún daño, mientras barrios vecinos sobre roca aguantaron mejor.
La amplificación es más fuerte en el rango donde resuenan los edificios de altura media y alta. Un sismo lejano puede llegar a Caracas "afinado" a la frecuencia exacta de una torre. Ahí la distancia deja de proteger.
Venezuela vive sobre el roce entre la placa del Caribe y la Sudamericana. Ese límite se reparte en varios sistemas de fallas que acumulan tensión durante siglos y la liberan de golpe.
La fuente más temida para Caracas. Corre por la costa, en gran parte mar adentro, marcando el límite de placas frente a la capital.
Uno de los sistemas más largos y activos del país. Atraviesa la región andina en diagonal y carga el peso sísmico del occidente.
Domina el nororiente. Su actividad se asocia a los grandes sismos del oriente, como Cariaco en 1997 y Sucre en 2018.
Una falla local que pasa junto a la ciudad. Lleva unos 2.700 años en silencio, con magnitud máxima estimada cercana a 6,9. Su quietud es justo lo que la hace difícil de evaluar.
Caracas y su entorno cargan una historia sísmica larga. Tocá cada hito para verlo.
La respuesta tiene dos caras y conviene mirarlas juntas. El conocimiento técnico es de primer nivel. El parque construido, en buena parte, llegó antes que las normas.
Una norma sismorresistente nacional (COVENIN 1756) y un estudio de microzonificación sísmica de la ciudad que derivó en una propuesta de ordenanza para el municipio Libertador, con espectros de diseño por zona según el efecto de la cuenca. La hoja de ruta para reforzar edificios está dibujada.
Se estiman unas 224.000 edificaciones populares en Caracas, cerca del 70% del total, con índices de vulnerabilidad de elevados a muy elevados, del mismo orden que el de edificios formales que colapsaron en 1967 y en Cariaco. El grueso del riesgo vive ahí.
Haití 2010 midió 7,0 y dejó cientos de miles de muertos. Chile 2010 midió 8,8 —casi mil veces más energía— y dejó unos cientos. La diferencia la marcaron la profundidad, el suelo y, sobre todo, cómo estaban hechos los edificios.
Para Caracas, el riesgo real es la suma de tres cosas: un cuenco que amplifica, fallas que acumulan siglos de tensión y un parque construido que en gran parte nunca pasó por una norma. El terremoto del 24 de junio es un recordatorio de que esa ecuación sigue abierta.