El médico clínico Pedro Di Spagna manifestó este viernes su alivio al día siguiente de su absolución en el juicio por la muerte de Diego Maradona: «Siempre confié en mi inocencia, nunca bajé los brazos». El Tribunal Oral en lo Criminal N°7 de San Isidro lo absolvió este jueves, después de que los fiscales adjuntos Cosme Iribarren y Patricio Ferrari desistieran de la imputación en su contra y pidieran su absolución, un pedido al que adhirieron todas las querellas. El veredicto sobre los otros seis acusados se conocerá el 22 de diciembre.
«No fue fácil, es mucho tiempo», reconoció Di Spagna sobre el proceso iniciado hace casi seis años, al que definió como «un caso de envergadura mundial y muy sensible». El facultativo asistió a la mayoría de las audiencias y declaró cuatro veces. «Ojalá que Dios le dé la paz que merecen a todos. Ahora puedo volver a ser feliz, nunca bajé los brazos. Espero que eso sea ejemplo para mis hijas, que también sufrieron este proceso y estuvieron siempre junto a mí», expresó, y agradeció a sus defensoras oficiales, María Julia Marcelli y Patricia Miranda: «Profesional y humanamente me trataron excelente desde el primer día».
Di Spagna contó que, cuando se conoció la absolución, sus hijas lo esperaban en la puerta de Tribunales, y que les pidió no festejar en ese lugar «porque hay gente que no la está pasando bien», en referencia a los familiares de Maradona y a los otros acusados. «Después, puertas adentro, obvio que nos pusimos contentos. Fue un desahogo de muchos años», añadió.
En el juicio quedó acreditado que Di Spagna vio a Maradona una sola vez, el 12 de noviembre de 2020, cuando concurrió a la vivienda del barrio San Andrés de Tigre donde el exfutbolista cumplía la internación domiciliaria tras la cirugía por el hematoma subdural, y que nunca tuvo acceso directo al paciente ni al teléfono de la familia. Esas pruebas resultaron claves para la absolución: las partes coincidieron en que actuó únicamente como interconsultor y sin potestad sobre las decisiones médicas.
