La ausencia de Javier Milei de la escena pública durante las últimas semanas generó uno de los episodios más complejos en términos de comunicación de su gestión. Desde su regreso de la gira regional a fines de julio, el presidente acumuló 45 días de apariciones muy esporádicas, con 24 de ellos sin pisar la Casa Rosada. Su último día en el despacho de Balcarce 50 había sido el 31 de julio, cuando recibió al presidente de Corea del Sur. Recién el lunes 24 de agosto volvió, para encabezar la primera reunión formal de gabinete desde el 9 de julio.
El vacío de Milei fue ocupado de manera creciente por Karina Milei, que durante esas semanas encabezó todas las reuniones políticas del Gobierno, avanzó en las negociaciones legislativas y se consolidó como la principal articuladora del espacio. Fuentes del Gobierno explicaron la ausencia presidencial diciendo que Milei usó ese tiempo para escribir su próximo libro y preparar discursos. El vocero Adrián Ravier calificó de «absurdas» las versiones sobre su salud y aseguró que «está muy bien».
Una fuente del propio Gobierno reconoció que la cobertura mediática de la semana influyó en la decisión de volver el lunes 24. A partir de entonces, Milei desplegó una agenda recargada de apariciones públicas, en lo que desde Balcarce 50 definen como el inicio del clima preelectoral.
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