El sistema financiero argentino atravesó en los últimos dos años una transformación estructural que no tiene precedentes en su historia reciente. Mientras el sistema bancario mantuvo prácticamente sin cambios su tamaño —medido en cantidad de entidades y sucursales—, el universo de actores no financieros se expandió de manera notable. Las casas de cambio sufrieron una caída del 40% en su número desde la liberalización cambiaria de noviembre de 2023, cuando el gobierno de Milei unificó el tipo de cambio y eliminó buena parte de las restricciones que les daban sentido comercial. En el otro extremo, las billeteras digitales y las fintechs que ofrecen servicios de pago, crédito y ahorro se multiplicaron, incorporando a millones de usuarios que antes operaban exclusivamente en efectivo o en bancos tradicionales.
El fenómeno tiene una contracara que los datos de morosidad ya están mostrando: los nuevos actores no financieros captaron una porción importante del mercado de crédito —el 14,6% del total, con $14,5 billones— pero registran tasas de mora del 31,3%, más del doble que el sistema bancario tradicional. La expansión del crédito a través de billeteras y fintechs llegó a sectores de la población que antes no tenían acceso al financiamiento formal, pero también a sectores con menor capacidad de repago en un contexto de caída del salario real y aumento de los precios de servicios básicos.
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