El Gobierno nacional volvió a usar la denominación «Día de la Raza» en su comunicación oficial del 12 de octubre. La página publicada por Casa Rosada lleva ese título y lo repite en el texto, mientras presenta la llegada de Cristóbal Colón a América como un legado de «civilización, progreso y libertad».
El mensaje de la cuenta oficial que acompaña el video no incluye esa denominación. Habla del «inicio de la expansión de Occidente hacia el Nuevo Mundo» y de una «huella profunda» en la cultura y la identidad. Esa diferencia de redacción no cambia que la página del Gobierno conserva el nombre.
Por qué se revisó la idea de raza
La denominación reúne un concepto que la ciencia no considera válido para dividir a la humanidad en grupos biológicos separados. La Asociación Estadounidense de Antropología Biológica, en su declaración sobre raza y racismo aprobada en 2019, explica que las diferencias genéticas y físicas entre las personas no coinciden con las categorías raciales usadas socialmente ni forman conjuntos humanos homogéneos, aislados o «puros».
Existe diversidad biológica humana: las personas y las poblaciones tienen distintas frecuencias de rasgos y variantes genéticas. Lo que no se sostiene es convertir esas diferencias en razas naturales discretas, ni usarlas para establecer una jerarquía de superioridad entre pueblos.
La declaración también advierte que las categorías raciales sí tienen una realidad social y política. El racismo produce desigualdad y efectos sobre la salud y la vida de las personas. Descartar la clasificación biológica en razas no significa negar la discriminación.
El cambio de la conmemoración
Argentina modificó el nombre del feriado en 2010 por «Día del Respeto a la Diversidad Cultural». Los fundamentos del decreto 1584/2010 vincularon el cambio con el valor que la Constitución y los tratados de derechos humanos asignan a la diversidad étnica y cultural. El giro buscaba desplazar el homenaje a una supuesta raza hacia el reconocimiento de los distintos pueblos.
La conquista, más allá del relato de civilización
La revisión histórica también cuestiona presentar la expansión europea como una transferencia unilateral de progreso y libertad. En «Racismos latinoamericanos desde una perspectiva global», publicado por Nueva Sociedad en 2021, el antropólogo Peter Wade analiza cómo la conquista, la explotación y la esclavitud construyeron jerarquías que consideraban inferiores a indígenas y africanos. El mestizaje, explica, ocurrió dentro de esas relaciones de poder y no las eliminó.
La revista ofrece otras perspectivas sobre ese proceso. Fernando Tudela abordó su dimensión ambiental y productiva en 1992. En «La resistencia indígena 500 años después», de 1993, el dirigente indígena Marcos Terena narró desde los pueblos originarios la violencia social, cultural y espiritual de la conquista.
Estas lecturas no niegan los intercambios lingüísticos y culturales entre Europa y América. Los estudian junto con la dominación, la pérdida de territorios, la esclavitud y la resistencia indígena. El relato oficial, en cambio, coloca el acento en el progreso y la expansión occidental, sin abordar esas dimensiones en el texto publicado este lunes.
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