Una sonrisa que se vuelve asimétrica, la pérdida repentina de fuerza en un brazo o una dificultad para hablar pueden ser señales de un accidente cerebrovascular (ACV). Reconocerlas y pedir asistencia médica de inmediato puede cambiar las posibilidades de recuperación. La respuesta necesita una cadena que funcione a tiempo: alguien que advierta los síntomas, un servicio de emergencias y un centro preparado para tratar al paciente.
El ACV se produce cuando se obstruye una arteria del cerebro o cuando se rompe un vaso sanguíneo. Es una de las principales causas de muerte y la primera causa de discapacidad adquirida en adultos. El Ministerio de Salud señala que entre siete y ocho de cada diez casos son de origen isquémico, es decir, por una obstrucción.
Señales que requieren ayuda inmediata
La pérdida súbita de fuerza o sensibilidad de un lado del cuerpo, la asimetría de la cara, los problemas para hablar, las alteraciones visuales y la pérdida del equilibrio requieren atención urgente. También puede aparecer una alteración repentina del estado de conciencia. Ante estos síntomas se debe llamar al servicio de emergencias, incluso si desaparecen espontáneamente.
La hora en que comenzaron los síntomas es un dato importante para el equipo médico. Las opciones de tratamiento dependen del tipo de ACV, del tiempo transcurrido y de la evaluación de cada paciente. Algunos tratamientos pueden administrarse dentro de las primeras 4,5 horas, pero la recomendación es pedir ayuda desde el primer momento.
«Hoy tenemos herramientas que pueden cambiar significativamente su pronóstico, pero necesitamos que los pacientes lleguen a tiempo para poder utilizarlas», explicó Federico Giner, neurólogo del Hospital Luis Carlos Lagomaggiore y coordinador de la Red de TeleACV y Teleneurología de Urgencia de Mendoza.
Llegar a un centro preparado
Las distancias y las dificultades para coordinar traslados y derivaciones siguen condicionando el acceso a la atención. El Ministerio de Salud reconoció diferencias territoriales en el acceso a tratamientos especializados al crear el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular (PRONAC-ACV).
El programa contempla un Código ACV Nacional, centros coordinadores regionales y la articulación entre hospitales y servicios de emergencias. Su objetivo es reducir los tiempos de atención y ampliar el acceso a terapias capaces de limitar las secuelas.
Para Pamela Dorrego, jefa del Servicio de Neurología del Hospital Italiano de Córdoba y coordinadora de la red provincial de ACV, organizar la respuesta sanitaria permite que más personas reciban el tratamiento que necesitan. «Es tan importante que el lugar donde una persona sufre un ACV no determine sus oportunidades de recuperación», señaló.
Después de la emergencia
La recuperación puede continuar durante meses. La rehabilitación motora, el trabajo sobre el lenguaje y el acompañamiento psicológico ayudan a recuperar funciones y autonomía, aunque su disponibilidad también cambia entre regiones e instituciones.
Agustín, un cordobés que sufrió un ACV a los 37 años, contó que debió aprender a caminar, volver a leer y escribir y usar la mano izquierda porque el lado derecho de su cuerpo había quedado afectado. Con rehabilitación recuperó parte de su independencia y continúa trabajando sobre las dificultades del lenguaje.
«Cada avance que consigue una persona después de un ACV puede tener un valor enorme: volver a vestirse sola, recuperar el habla, caminar sin ayuda o retomar una actividad que disfrutaba», sostuvo Giner. Detectar la emergencia y asegurar la continuidad de los cuidados forman parte del mismo recorrido.
Fuentes: Ministerio de Salud: PRONAC-ACV y señales de alerta; Resolución 609/2026, creación del programa nacional.
