Argentina necesitó 120 minutos, paciencia y otra demostración de carácter para seguir adelante en el Mundial. El equipo dirigido por Lionel Scaloni derrotó 3-1 a Suiza en el Estadio de la Ciudad de Kansas y se clasificó a las semifinales, donde enfrentará a Inglaterra el miércoles 15 de julio.
El resultado terminó siendo amplio, pero no explicó por completo el desarrollo de un encuentro que mantuvo en tensión a la Selección hasta los últimos minutos del alargue. Suiza resistió durante gran parte de la noche, encontró el empate en el segundo tiempo y logró llevar el partido al suplementario incluso después de quedarse con diez jugadores.
Argentina comenzó con decisión y consiguió la ventaja rápidamente. A los 9 minutos, Lionel Messi ejecutó un córner y Alexis Mac Allister apareció en el área para conectar de cabeza y establecer el 1-0. La jugada pareció encaminar un partido que, en la previa, se presentaba cerrado por la organización defensiva y la disciplina táctica del conjunto europeo.
Con la ventaja, la Selección manejó la pelota y trató de mover al bloque suizo, pero no consiguió transformar el dominio territorial en una diferencia mayor. El equipo de Murat Yakin se mantuvo compacto, evitó desordenarse y esperó su oportunidad para atacar los espacios que dejaba Argentina cuando adelantaba sus líneas.
La falta de eficacia mantuvo a Suiza dentro del partido. Argentina tuvo circulación y presencia en campo rival, aunque le costó encontrar profundidad frente a una defensa que protegía bien el área y obligaba a buscar remates desde posiciones incómodas. Gregor Kobel, además, respondió cuando fue exigido y sostuvo a su equipo en los momentos de mayor presión.
Suiza aprovechó esa supervivencia a los 67 minutos. Ricardo Rodríguez progresó por la izquierda y encontró a Dan Ndoye, que definió desde un ángulo cerrado para marcar el 1-1. El gol modificó por completo el clima del encuentro: Argentina pasó de controlar el trámite a encontrarse nuevamente ante un partido de eliminación directa, con poco margen para corregir errores.
Cinco minutos después se produjo una de las acciones más discutidas de la noche. Breel Embolo recibió la segunda tarjeta amarilla y fue expulsado tras una revisión arbitral en la que intervino el VAR. La decisión dejó a Suiza con diez futbolistas y generó protestas porque las repeticiones no ofrecieron una imagen concluyente de la infracción atribuida al delantero.
La superioridad numérica, sin embargo, no resolvió inmediatamente el problema argentino. Suiza retrocedió, cerró los caminos hacia Kobel y defendió el empate con todos sus jugadores detrás de la pelota. La Selección acumuló posesión, centros y aproximaciones, pero no consiguió marcar antes del final de los 90 minutos.
El partido llegó así al alargue. Scaloni recurrió al banco para renovar el ataque y Argentina empezó a empujar cada vez más cerca del área suiza. El desgaste del rival, obligado a jugar con uno menos, comenzó a hacerse evidente, aunque el gol de la clasificación tardó en llegar.
La resistencia se quebró a los 112 minutos. Julián Álvarez recibió fuera del área y sacó un potente remate que superó a Kobel para el 2-1. El gol liberó a un equipo que llevaba buena parte del encuentro chocando contra la defensa rival y volvió a confirmar la capacidad del delantero para aparecer en los momentos decisivos.
Suiza intentó adelantarse en los minutos finales para buscar los penales y dejó espacios que no había concedido durante el resto del partido. Argentina los aprovechó en la última acción: Lautaro Martínez apareció en tiempo agregado del segundo suplementario y estableció el 3-1 definitivo.
Messi no convirtió después de haber marcado en nueve partidos mundialistas consecutivos, pero participó en el primer gol con el córner que conectó Mac Allister y volvió a ser el principal organizador de los ataques argentinos. Emiliano Martínez también resultó importante con intervenciones que evitaron que Suiza se adelantara cuando el encuentro todavía estaba igualado.
Argentina no tuvo una actuación cómoda ni dominante. Volvió a mostrar dificultades para cerrar un partido favorable y sufrió frente a un adversario que logró incomodarlo con orden, intensidad y paciencia. Pero, como ocurrió ante Egipto en los octavos de final, encontró respuestas cuando el escenario se volvió más adverso.
El campeón vigente ya está entre los cuatro mejores del Mundial. El próximo desafío será Inglaterra, que eliminó a Noruega por 2-1 y enfrentará a la Selección el miércoles en Atlanta. Del otro lado del cuadro, Francia y España disputarán la primera semifinal.
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